«Peligrosamente contagioso – el sonido de Chae Solé es fluido y rico, y es una toma verdaderamente innovadora del género latino cruzado con R&B.»

Acerca de Americano

La canción Americano fue escrita, producida e realizada por Chae Solé. A partir de su inspiración continua, produjo una serie de historias de audio narradas en Español, creando un mundo entero alrededor de la pista y el video musical que pronto se lanzará.

La pista en sí fue grabada y diseñada por completo en Estudio Bulo de Argentina. En colaboración con Nacho de la Riega, Chae Solé pudo obtener los músicos de estudio adecuados para dar vida a su visión.

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Americano Musica Peli

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 7

Raptada

Capítulo VII
Humberto Valle III no había dormido en toda la noche. Tenía la cara demacrada y cualquier ruido lo sobresaltaba esa mañana. Sabía que con Antonio habiendo notado anomalías en el software, muy probablemente iba a ser el mismo Sr. Valle el que pagara las consecuencias. Y simplemente estaba a la espera.
Era media mañana. El Sr. Valle estaba cabeceando sentado en su escritorio cuando lo despertó de repente el sonido del teléfono.
Lo atendió a toda velocidad y el color se desvaneció de su cara cuando resultó ser la voz que tanto temía.
–Necesito a alguien nuevo –dijo Yara fríamente.
El alma volvió al cuerpo del Sr. Valle. Extrañado por el hecho de que Yara no supiera o no le importara su error, decidió no encender ninguna alarma. Miró por la ventana de su oficina hacia el escritorio de Antonio. Estaba cubierto de flores que le habían regalado sus compañeros. Algo por una tía enferma. Valle inhaló profundo.
–Creo que tengo a la persona indicada.
* * *
La tía Isidra conversaba animada de cosas que nada tenían que ver con la realidad. Antonio decidió atribuírselo a los analgésicos y no a su condición mientras terminaba de preparar la cena para ambos. Tan sólo hace una hora habían vuelto del hospital. La tía Isidra tenía las muñecas vendadas y estaba fuertemente drogada, pero por lo demás estaba bien.
Y entonces todo se puso borroso para Antonio. Levantó débilmente la mano hacia su cuello, donde sintió un pinchazo y ardor.
Yara esperó hasta que el cuerpo de Antonio se derrumbara en el suelo, desmayado por la droga que acabababa de inyectarle.
La tía Isidra no dejaba de parlotear contenta.
Yara tomó el teléfono de Antonio y rompió el chip. Dejó una foto de Gloria en la tostadora y arrastró a la tía Isidra hacia el interior de su camioneta.
En menos de un minuto todo hubo terminado y Yara hubo desaparecido.

Chapter VII
Humberto Valle III hadn’t slept all night. His face looked weary and he jumped at any noise that morning. He know that the fact that Antonio had noticed anomalies in the software would probably make the very Mr. Valle face the consequences.
It was mid morning. Mr. Valle was drowsing at his desk when he the pone ringing brought him back.
He picked it up as fast as he could and color faded from his face when it turned out to be the voice he was dreading.
–I needed someone new –said Yara coldly.
El alma volvió al cuerpo del Sr. Valle. Extrañado por el hecho de que Yara no supiera o no le importara su error, decidió no encender ninguna alarma. Miró por la ventana de su oficina hacia el escritorio de Antonio. Estaba cubierto de flores que le habían regalado sus compañeros. Algo por una tía enferma. Valle inhaló profundo.
Mr. Valle felt suddenly very relieved. He was surprised by the fact that Yara didn’t know or didn’t care about his mistake, but he decided not to set off any alarm. He looked out the window in his office towards Antonio’s desk. It was covered with flowers that his coworkers had given him. Something about a sick aunt. Valle took a deep breath.
–I’ve got the right person.
* * *
Aunt Isidra was chatting lively about things that had nothing to do with reality. Antonio decided to think it was because of the painkillers and not because of her condition as he cooked dinner for the both of them.
They had come home from the hospital only an hour earlier. Aunt Isidra had bandages around her wrists and she was heavily drugged, but otherwise she was fine.
Then everything got blurry for Antonio. He weakly took his hand up to his neck, where he felt a sting and a burning sensation.
Yara waited till Antonio’s body crumbled to the floor, passed out by the drug she had just injected in him.
Aunt Isidra kept yapping happily.
Yara took Antonio’s phone and snapped the chip. She left a picture of Gloria in his toaster and dragged aunt Isidra into her van.
In less than a minute it was all over and Yara disappeared.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 6

La Pelea

Capítulo VI
Gloria gritó mientras la bajaban por una angosta escalera metálica con una capucha puesta.
– ¡Esto es un error! ¡Tengo que hablar con Yara! No sabes quién soy yo.
Lo último que deseaba era hablar con Yara, pero fue todo lo que pudo pensar para que su captor la liberara.
Él no le contestó y unos minutos después la tiró al piso y le ató las manos atrás de la espalda. Escuchó una puerta cerrarse y pasos alejarse y se supo sola y prisionera.
Cuando el silencio se hizo absoluto, escuchó un chistido en la oscuridad. Gloria se sentó en el piso y giró la cabeza hacia el origen del sonido.
– Tenemos que escapar de acá –le susurró una voz de hombre.
– ¿Qué es este lugar?
– Somos prisioneros acá. Las mujeres son vendidas como esclavas sexuales. Los hombres para círculos de pelea donde los obligan a pelear a muerte. Y después están los otros…
– ¿Qué? ¿Qué pasa con los otros?
– Hay prisioneros que no están a la venta. Son rehenes. Familia, amigos de los guardias de Yara. Ella los rapta para obligarnos a trabajar para ella.
A Gloria le corrió un horrible escalofrío por la espalda.
– Obligar… ¿nos?
– Mi hija. Yara la mató. Dejé escapar a varios prisioneros. Pensé que si lo hacía parecer como una emboscada, la perdonaría. En cierto modo yo la maté –el hombre misterioso se puso a llorar.
– ¿Cómo te llamas?
– Daniel
– Vamos a salir de acá, Daniel. Lo prometo.
Se arrastró hacia el hombre y comprobó con el tacto que él estaba maniatado igual que ella. Se sentó espalda con espalda y entre los dos pudieron aflojar sus ataduras.
No pasó mucho tiempo hasta que escucharon nuevamente la puerta.
Le arrancaron la capucha y estuvo cara a cara con Yara. Un guardia estaba tras ella.
–Así que era cierto, bebé. ¿Quisiste jugar a la exploradora?
–¡Te odio! –le escupió Gloria.
Yara le acarició la mejilla con el cañón de su pistola nacarada. Una lágrima corrió por su mejilla, pero aunque le doliera, Gloria no le dejó otra opción.
De pronto, Daniel se lanzó contra Yara con todas sus fuerzas. Ella dejó caer su pistola al golpear su cabeza contra una viga de acero.
Antes de que el guardia pudiera desenfundar su arma, Daniel lo tiró al piso. Comenzaron a forcejar y Daniel incrustó su rodilla en la muñeca del guardia, cortando la circulación de sangre de la mano en la que tenía la pistola. Ésta cayó. Daniel la pateó rápidamente en dirección a Gloria y gritó:
– ¡Agárrala y corre!
Gloria dudó, pero al ver a Yara recuperarse gradualmente, la tomó lo más aprisa posible y corrió hacia la puerta abierta.
Daniel continuó su forcejeo y comenzó a estrangular al otro guardia.
– Daniel, vas… a… hacer… que mate… a mi… esposa… bastardo –pudo articular el guardia, luchando por respirar.
En tanto, Yara logró incorporarse, dolorida como estaba, tomó el arma del suelo y disparó contra Daniel, matando a los dos hombres al mismo tiempo.
– ¡DÓNDE ESTÁS, GLORIA! –rugió Yara, jadeando.
Gloria corrió por los pasillos del sótano y emergió en la pista de baile, donde nadie se había enterado de nada. Se dio cuenta de que no podía simplemente huir, dejando a todos los prisioneros atrás. Volvió a los pasillos, sin estar segura de qué estaba buscando, pero esta vez ningún guardia siquiera miró en su dirección.
Vio una gran puerta negra, diferente a las otras. Decidió escabullirse.
Se encontró en una lujosa oficina con las paredes cubiertas de pantallas y decorada con armas de distintas partes del mundo.
Por la cámara de seguridad, vio a Yara subir las escaleras metálicas del sótano a toda velocidad.
Se resignó a que no había nada que pudiera hacer ahora, pero se juró que destruiría a Yara. Tomó todos los papeles del escritorio, esperando que le sirvieran de algo, y finalmente se escapó del Club Satélite y desapareció en la noche.
Un minuto después, Yara irrumpió en la oficina y notó en seguida que le habían robado. Con una tremenda rabia supo lo que tenía que hacer.

Chapter VI
Gloria yelled as they dragged her through a narrow metal staircase with a hood on.
– ¡This is a mistake! ¡I need to speak to Yara! You don’t know who I am.
The last thing she wanted was to talk to Yara, but that was all she could think about so that her captor would set her free.
He didn’t answer and a few minutes later she was dumped on the floor and her hands tied behind her back. She heard a door closing and some steps walking away and knew she was alone and trapped.
When the silence became whole, she heard a noise in the dark. Gloria sat up in the floor and turned her head towards the source of the sound.
– We have to get out of here –whispered a man’s voice.
– What is this place?
– We’re prisoners here. The women are sold as sex slaves. The men are sold to fighting rings where they’re forced to fight to death. And then there are the others…
– What? What happens to the others?
– There are prisoners that are not for sale. They’re hostages. Family, friends of Yara’s bodyguards. She kidnaps them to make us work for her.
Gloria felt a horrible chill run down her spine.
– Make… us?
– My daughter. Yara killed her. I let scape several prisoners. I thought maybe if I made it look like an ambush, she would forgive her. In a way, I killed her – the mystery man began to cry.
– What’s your name?
– Daniel.
– We’re gonna get out of here, Daniel. I promise.
She crawled towards the man and noticed he was tied up just like her. She sat back to back and they helped each other loosen their bonds.
It wasn’t long till they heard the door again.
Her hood was ripped away and she was face to face with Yara. A guard was standing behind her.
– So it was true, baby. You wanted to play as the explorer?
– I hate you! –Gloria spat at her.
Yara caressed Gloria’s cheek with the barrel of her pearly gun. A tear run down her cheek but, even if it hurt her, Gloria left her no choice.
Suddenly, Daniel charged at Yara with full force. Her pistol dropped as her head slammed against a steel beam.
Before the guard could draw his weapon, Daniel knocked him to the ground. They started to scuffle, and Daniel forcibly jammed his knee into the guard’s wrist, cutting the blood circulation from his pistol grip. The gun fell. He quickly kicked it towards Gloria and shouted:
– Take it and run!
Gloria hesitated, but after seeing Yara gradually come back to her senses, she snatched it and dashed out the open door.
Daniel continued the tussle and began strangling the other guard
– Daniel… you’re… gonna… have… my wife… killed… bastard –the guard could say as he fought for breath.
In the meantime, Yara stood up and, in pain as she was, she took the gun from the floor and fired at Daniel, killing both men at the same time.
– WHERE ARE YOU, GLORIA? –Yara roared, panting.
Gloria ran through the hallways and emerged on the dance floor, where no one had heard a thing. She realized she couldn’t just flee, leaving all the prisoners behind. She returned to the hallways, unsure of what she was looking for, but this time not a single guard even glanced her way.
She noticed a large black door, different than the others. She decided to sneak inside.
She found herself in a luxurious office with walls lined with screens and decorated with weapons from various parts of the world.
On one of the security cameras, she saw Yara climbing the metal stairs at full speed.
She gave in, knowing there was nothing she could do right now, but she swore she would bring Yara down. She took all the papers on the desk, hoping they would be useful, and finally escaped the Satellite Club and disappeared in the night.
A minute later, Yara burst into the office and noticed right away she had been robbed. With a burning rage, she knew what she had to do.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 5

Tomando Los Riesgos

Capítulo V – Tomando los Riesgos

Gloria respiró profundo antes de entrar al Club Satélite e intentó parecer calma y confiada al pasar junto al guardia, al que dedicó una sonrisa y una mirada sugerente detrás de sus lentes oscuros.

Había pasado una semana desde el día que conociera el club llevada por hombres de Yara. No había vuelto a verla, ya que ella decía que el trabajo la tenía loca y le prometía recompensarla cuando pudiera. Su instinto le decía que el Club Satélite no era lo que aparentaba y había perdido toda la confianza en su novia, pero estaba dispuesta a llegar al fondo del asunto.

Para eso decidió ir al Satélite como cualquier joven que busca divertirse en la noche. Sabía que Yara estaba allí y que jamás le creería que su visita era para darle una sorpresa.

Bailó con desconocidos y fingió divertirse. Mientras tanto buscaba la forma de acceder a las partes vedadas dentro del club.
De pronto sintió una mano estrujarle una nalga y se dio cuenta de que esa era su oportunidad. Comenzó a gritarle

al pervertido, atrayendo la atención. Era un hombre corpulento y lejos de avergonzarse devolvió cada insulto, para satisfacción de Gloria. Cuando la multitud se empezó a congregar a su alrededor ella descargó una cachetada en la cara del hombre. Él no tardó ni un segundo en reaccionar y devolvió un puñetazo, pero Gloria lo esperaba y supo esquivarlo. La mano fue a parar en otro hombre y en un minuto la violencia se había generalizado y Gloria había desaparecido.

Se dirigió hacia los pasillos que llevaban hacia las oficinas. No habían guardias, ya que todos habían corrido para detener la pelea. Gloria respiraba agitada y creyó que podría lograr ver qué había más allá en el Club Satélite. Abrió una puerta y vio una escalera metálica que llevaba hacia un sótano.

De pronto la oscuridad se hizo absoluta y al tiempo que una bolsa cubría su cabeza, unas manos se apresuraron a aferrarla firmemente para que no huyera. Con muy poco esfuerzo la levantaron y sintió cómo comenzaba el descenso. Parecía ser que sí conocería qué había más allá en el Club Satélite después de todo.

***

Antonio volvió al trabajo al día siguiente del intento de suicidio de su tía. En Valletech no había tiempo para que un empleado desperdiciara cuidando a un familiar grave. La Tía Isidra estaba bien, pero permanecería internada hasta que el equipo de salud mental determinara que no representaba un riesgo para otros ni para ella misma.

Pero el tema del código encriptado no dejaba de resonar en la cabeza de Antonio. Aunque quisiera ignorarlo, no podía seguir trabajando sin saber qué se hallaba oculto en el software que estaba desarrollando para el Club Satélite. Muerto de miedo y de la forma más inocente que pudo se lo hizo saber al Sr. Valle, quien reaccionó según lo esperado:

Antonio huyó con la cola entre las patas, aunque sus dudas no se habían aclarado ni remotamente.

Mientras tanto, el Señor Valle quedó solo en su oficina, poseído por en parte por la ira, pero fundamentalmente por el pánico. Pensaba en lo que le podría llegar a ocurrir si Antonio hablara de lo que vio. Las manos del Señor Valle temblaban cuando agarró la lámpara de su escritorio y, arrancando el cable de electricidad, la arrojó contra la pared, donde reventó en mil pedazos.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 4

El Incidente

Capítulo IV – El Incidente

La tía Isidria estaba en la cocina, lavando los platos. Se sentía exhausta después de toda una mañana intentando cocinar su almuerzo, en la que se había topado con varias dificultades.

De pronto sintió cómo golpeaban la puerta de calle, como tratando de derrumbarla. Dejó escapar un grito. A aquel ruido se sumaron golpes en la ventana de la cocina y la tía Isidra vio una silueta pegada al vidrio. Comenzó a chillar “¿quiénes son? ¿qué quieren?”. Sentía que le faltaba el aire. De pronto las paredes comenzaron a derrumbarse, seguidas del piso bajo ella. La tía Isidra se aferró a la mesa y al derrumbarse, arrastró el mantel y todo lo que había sobre él, destrozando platos y vasos sobre el piso.

* * *

Antonio estaba en Valletech trabajando tan rápido como podía en el proyecto del Club Satélite, para el que debía desarrollar un software de gestión. El Señor Valle había sido más que claro sobre la importancia de este cliente y la urgencia del trabajo.
Sonó el teléfono. Era la tía Isidra y con gran culpa decidió no atender la llamada. Temía más lo que le pudiera pasar si se retrasaba.

Siguió programando hasta que se topó con una sorpresa. Había una porción del código que no reconocía con una encriptación que tornaba imposible que pudiese ver qué decía. Estaba seguro de que él jamás había escrito eso y, a su vez, sabía que sólo él estaba asignado al proyecto.

Sabía que consultar a su jefe al respecto probablemente le costaría caro, pero sintió que no había más alternativa. Juntó coraje y se dirigió hacia la oficina de Humberto Valle III, cuando lo interceptaron dos policías.

La tía Isidra estaba en el hospital. Unos vecinos escucharon gritos y llamaron a la policía. Derribaron las puertas, cerradas del lado de adentro, y la encontraron sangrando en la cocina. La casa estaba en orden, excepto por la vajilla rota en el piso, con la que se había cortado las venas de los brazos.

* * *

En el hospital Antonio habló con los médicos. Les contó que no era la primera vez que su tía tenía alucinaciones que terminaban en ataques de pánico, pero jamás había sido algo que le durase más que un par de minutos y casi siempre podía tranquilizarse sola, con ayuda de Antonio y su medicación.
Pasó a la habitación donde su tía estaba estable, pero conectada a mil máquinas
y en
un coma inducido.

Se sentó a su lado y comenzó a llorar.
A pesar de la gravedad de la situación, no pudo evitar pensar en las consecuencias que tendría haberse ido del trabajo. Al Señor Valle no le iba a importar por qué. En ese momento volvió a su cabeza el código adulterado y ya no pudo desterrarlo por el resto del día.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 3

El Club Satélite

Capitulo III – El Club Satélite

Gloria iba en silencio en el asiento trasero de una camioneta negra con cristales tintados. Un guardia manejaba. Otro iba sentado a su lado. Luego un viaje no muy largo ingresaron por un portón lateral al Club Satélite.

Durante la noche, la fachada del Club Satélite pasaba bastante poco desapercibida, era de noche, cuando largas filas de jóvenes se amontonaban contra la pared aguardando el privilegio de ser admitidos y la música sonaba a todo volumen sin la menor consideración por quienes vivían en un radio de por lo menos tres manzanas con la mayor de las impunidades.

Pero ahora era pleno día y Gloria se encontró entrando por primera vez a la pista de baile del Satélite, ahora completamente desierta. Inmediatamente después entró Yara y con confianza le dio un beso memorable. Gloria lo recibió, sin devolverlo.

–¿Qué está pasando? –preguntó fría, con un dejo de miedo.
–Me sentí mal por dejarte esta mañana y te extrañaba. Y quiero que por fin conozcas “mi guarida” –contestó Yara sonriente. Gloria sabía que esa no era la verdad.
Más temprano el mismo día Gloria estaba en el baño del departamento de Yara, desnuda y sola y masticando la decepción del desplante de Yara.

No era la primera vez que Yara huía “por trabajo” y Gloria temía estar perdiéndola. No entendía por qué la mujer que amaba no la dejaba entrar del todo en su vida.
Estaba dándole vueltas al asunto en su cabeza cuando dos hombres irrumpieron en el departamento y haciendo caso omiso de sus gritos de sorpresa y vergüenza le dijeron que se vista y que la iban a llevar con Yara.

* * *

En Valletech Humberto Valle III hablaba por teléfono. Hablaba por lo bajo y se lo habría oído nervioso si alguien pudiese oírlo. Sólo se limitaba a contestar las preguntas que se le hacían.

Sí, está desarrollando lo que se le pidió. No, nadie sospecha. Sí, es cuidadoso. Sí, tiene a la mejor persona trabajando en el tema. No, ni siquiera esa persona sabe lo que está haciendo.

Humberto Valle III cortó el teléfono e inhaló profundamente. Ya más calmo le gritó a Antonio que trabaje más rápido.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 2

Tiempo Perdido

Capítulo II – Tiempo Perdido

Un ruido metálico se disparaba con cada paso de las pesadas botas con taco de Yara. Avanzaba con paso firme y sus pasos reverberaban varias veces antes de perderse. Después de bajar por una tercera y estrechísima escalera caracol llegó a su destino.
La recibió un joven de mirada esquiva con sangre en la cabeza.

–¿Qué pasó Daniel?

–Fue cuando los estaba yendo a buscar para llevarlos arriba para prepararlos. Me… uno me agarró desde atrás de la reja. Me pegó la cabeza contra los barrotes varias veces. Después no recuerdo nada más. Desperté sin llaves y se habían ido.
–¿Cuántos se fueron?

–No sé. Casi todos. Quedaron algunos.
–Daniel –dijo Yara calmándolo– esto pasa.
–Gracias.
–Pero no a mí.

Un segundo guardia trajo arrastrando a una jovencita amordazada. Sus ropas estaban hechas jirones. Gritaba y se retorcía, sin poder zafarse. Cuando el guardia la arrojó al piso, frente Daniel, este se abalanzó a abrazarla con lágrimas en los ojos. No hizo más que sacarle el trapo que le tapaba la boca cuando se oyó el estallido de un arma y la cara de Daniel se salpicó nuevamente de sangre, pero esta vez no la propia. Quedó mudo.

Yara estaba de pie sosteniendo una pistola nacarada. El cañón aún humeaba y el sonido del disparo resonó unos segundos antes de desaparecer. Sólo entonces Yara dijo:
–Un trato es un trato, Daniel –y dirigiéndose al guardia–. Llevatelo. Se nos acaba de liberar lugar. Después salí a buscar a los que perdimos ¡y que te sirva de lección!

* * *

Antonio se desplomó de bruces sobre el sillón apenas llegó a su casa. La tía Isidra lo reprendió por llegar tan tarde. Lo estaba esperando para que pedirle ayuda con varias cosas. Parecía estar convencida de que alguien alteraba sus electrodomésticos.

Sólo entonces Antonio sintió el olor a comida quemada. La tía Isidria solía cocinar muy bien, pero desde su diagnóstico siempre arruinaba la comida. Sin darle entidad a los delirios de su tía, Antonio contestó:
–Tuve que quedarme más. El señor Valle se enojó porque llegué sólo diez minutos antes y me obligó a recuperar. Y a último minuto me trajo un nuevo encargo. Un pedido para un tal Club Satélite.

Antonio quedó dormido ahí mismo. Esa noche durmió intranquilo.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 1

Las Interrupciones

Capítulo I – Las Interrupciones

Antonio subió al colectivo esa mañana después de ocho minutos sentado en la parada, su pierna izquierda vibrando velozmente. No supo contestar cuando lo tomó por sorpresa la misma pregunta de siempre:
–¿Hasta dónde vas?– le espetó el chofer.

Antonio tomó unas bocanadas de aire mientras intentaba poner sus pensamientos revolucionados en palabras. Antes de lograrlo, la pantalla ya le demandaba el valor máximo y Antonio automáticamente apoyó su tarjeta en el lector. Una avalancha de impacientes lo empujó hacia el fondo, llevándolo como una balsa a la deriva.

Entró a Valletech. Una secretaria le dedicó una sonrisa y un más que amable “hola, Antonio”, pero Antonio sólo apartó la mirada, respirando con dificultad. Humberto Valle III lo esperaba en su escritorio. Tenía su brazo izquierdo extendido hacia afuera, la mano en un puño con el dorso hacia adelante.

–TARDE, ANTONIO
–Pero faltan diez minutos
–DIJIMOS QUINCE ANTES

No pasó mucho antes de que su teléfono empezara a sonar.
–Antonio, ¡no sé cómo se prende la tele! – gimoteó la tía Isidra con desesperación al otro lado de la línea. Antonio le explicó con paciencia y colgó. Minutos más tarde volvió a sonar.

–Antonio, ¡no me acuerdo cómo se usa el teléfono!

* * *

Gloria sintió cosquillas cuando los dedos de Yara treparon por su hombro.

–¿Cómo dormiste, linda?
–No dormí–contestó Yara con una sonrisa. Luego comenzó a besarla.l

Las interrumpió la vibración de un teléfono. Yara lo miró y resopló.

–Tengo que volar, bebé. Es trabajo.

Gloria se levantó y fue al baño, decepcionada.
Yara releyó el mensaje “MOTÍN Y FUGA EN EL TERCER SÓTANO”. Negó con la cabeza, harta. Abrió el teléfono, sacó el chip, lo sostuvo entre los dientes y lo rompió por la mitad.

Chae Solé de Atlanta rompe con las trivialidades de la música, y en su lugar elige centrarse en lo que más importa – abogar por la expresión de la emoción en su forma más pura. Para Chae, la música representa una rendición que abarca todo, una promesa de honestidad.

Chae coquetea con diferentes estados de ánimo y niveles de energía, y es invariablemente dinámico en su estilo vocal. Temáticamente, el artista latino de R&B profundiza en temas de romance, confusión e ira, con cada gancho, rima y barra profundamente arraigados en transmitir los momentos más íntimos de la experiencia humana. Por encima de todo, es profundo, sensual – y sensacional. Cita influencias de Frank Sinatra, Michael Jackson, Maroon 5 y Timbaland por nombrar algunas, todas las cuales le han ayudado a convertirlo en el artista que es hoy.