«Peligrosamente contagioso – el sonido de Chae Solé es fluido y rico, y es una toma verdaderamente innovadora del género latino cruzado con R&B.»

Acerca de Americano

La canción Americano fue escrita, producida e realizada por Chae Solé. A partir de su inspiración continua, produjo una serie de historias de audio narradas en Español, creando un mundo entero alrededor de la pista y el video musical que pronto se lanzará.

La pista en sí fue grabada y diseñada por completo en Estudio Bulo de Argentina. En colaboración con Nacho de la Riega, Chae Solé pudo obtener los músicos de estudio adecuados para dar vida a su visión.

Ya esta en Spotify, iTunes, Apple Music, Google Play. Pronto estará disponible en todas las siguientes plataformas:

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Americano, la historia
Escucha el Capítulo 5

Tomando Los Riesgos

Capítulo V – Tomando los Riesgos

Gloria respiró profundo antes de entrar al Club Satélite e intentó parecer calma y confiada al pasar junto al guardia, al que dedicó una sonrisa y una mirada sugerente detrás de sus lentes oscuros.

Había pasado una semana desde el día que conociera el club llevada por hombres de Yara. No había vuelto a verla, ya que ella decía que el trabajo la tenía loca y le prometía recompensarla cuando pudiera. Su instinto le decía que el Club Satélite no era lo que aparentaba y había perdido toda la confianza en su novia, pero estaba dispuesta a llegar al fondo del asunto.

Para eso decidió ir al Satélite como cualquier joven que busca divertirse en la noche. Sabía que Yara estaba allí y que jamás le creería que su visita era para darle una sorpresa.

Bailó con desconocidos y fingió divertirse. Mientras tanto buscaba la forma de acceder a las partes vedadas dentro del club.
De pronto sintió una mano estrujarle una nalga y se dio cuenta de que esa era su oportunidad. Comenzó a gritarle

al pervertido, atrayendo la atención. Era un hombre corpulento y lejos de avergonzarse devolvió cada insulto, para satisfacción de Gloria. Cuando la multitud se empezó a congregar a su alrededor ella descargó una cachetada en la cara del hombre. Él no tardó ni un segundo en reaccionar y devolvió un puñetazo, pero Gloria lo esperaba y supo esquivarlo. La mano fue a parar en otro hombre y en un minuto la violencia se había generalizado y Gloria había desaparecido.

Se dirigió hacia los pasillos que llevaban hacia las oficinas. No habían guardias, ya que todos habían corrido para detener la pelea. Gloria respiraba agitada y creyó que podría lograr ver qué había más allá en el Club Satélite. Abrió una puerta y vio una escalera metálica que llevaba hacia un sótano.

De pronto la oscuridad se hizo absoluta y al tiempo que una bolsa cubría su cabeza, unas manos se apresuraron a aferrarla firmemente para que no huyera. Con muy poco esfuerzo la levantaron y sintió cómo comenzaba el descenso. Parecía ser que sí conocería qué había más allá en el Club Satélite después de todo.

***

Antonio volvió al trabajo al día siguiente del intento de suicidio de su tía. En Valletech no había tiempo para que un empleado desperdiciara cuidando a un familiar grave. La Tía Isidra estaba bien, pero permanecería internada hasta que el equipo de salud mental determinara que no representaba un riesgo para otros ni para ella misma.

Pero el tema del código encriptado no dejaba de resonar en la cabeza de Antonio. Aunque quisiera ignorarlo, no podía seguir trabajando sin saber qué se hallaba oculto en el software que estaba desarrollando para el Club Satélite. Muerto de miedo y de la forma más inocente que pudo se lo hizo saber al Sr. Valle, quien reaccionó según lo esperado:

Antonio huyó con la cola entre las patas, aunque sus dudas no se habían aclarado ni remotamente.

Mientras tanto, el Señor Valle quedó solo en su oficina, poseído por en parte por la ira, pero fundamentalmente por el pánico. Pensaba en lo que le podría llegar a ocurrir si Antonio hablara de lo que vio. Las manos del Señor Valle temblaban cuando agarró la lámpara de su escritorio y, arrancando el cable de electricidad, la arrojó contra la pared, donde reventó en mil pedazos.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 4

El Incidente

Capítulo IV – El Incidente

La tía Isidria estaba en la cocina, lavando los platos. Se sentía exhausta después de toda una mañana intentando cocinar su almuerzo, en la que se había topado con varias dificultades.

De pronto sintió cómo golpeaban la puerta de calle, como tratando de derrumbarla. Dejó escapar un grito. A aquel ruido se sumaron golpes en la ventana de la cocina y la tía Isidra vio una silueta pegada al vidrio. Comenzó a chillar “¿quiénes son? ¿qué quieren?”. Sentía que le faltaba el aire. De pronto las paredes comenzaron a derrumbarse, seguidas del piso bajo ella. La tía Isidra se aferró a la mesa y al derrumbarse, arrastró el mantel y todo lo que había sobre él, destrozando platos y vasos sobre el piso.

* * *

Antonio estaba en Valletech trabajando tan rápido como podía en el proyecto del Club Satélite, para el que debía desarrollar un software de gestión. El Señor Valle había sido más que claro sobre la importancia de este cliente y la urgencia del trabajo.
Sonó el teléfono. Era la tía Isidra y con gran culpa decidió no atender la llamada. Temía más lo que le pudiera pasar si se retrasaba.

Siguió programando hasta que se topó con una sorpresa. Había una porción del código que no reconocía con una encriptación que tornaba imposible que pudiese ver qué decía. Estaba seguro de que él jamás había escrito eso y, a su vez, sabía que sólo él estaba asignado al proyecto.

Sabía que consultar a su jefe al respecto probablemente le costaría caro, pero sintió que no había más alternativa. Juntó coraje y se dirigió hacia la oficina de Humberto Valle III, cuando lo interceptaron dos policías.

La tía Isidra estaba en el hospital. Unos vecinos escucharon gritos y llamaron a la policía. Derribaron las puertas, cerradas del lado de adentro, y la encontraron sangrando en la cocina. La casa estaba en orden, excepto por la vajilla rota en el piso, con la que se había cortado las venas de los brazos.

* * *

En el hospital Antonio habló con los médicos. Les contó que no era la primera vez que su tía tenía alucinaciones que terminaban en ataques de pánico, pero jamás había sido algo que le durase más que un par de minutos y casi siempre podía tranquilizarse sola, con ayuda de Antonio y su medicación.
Pasó a la habitación donde su tía estaba estable, pero conectada a mil máquinas
y en
un coma inducido.

Se sentó a su lado y comenzó a llorar.
A pesar de la gravedad de la situación, no pudo evitar pensar en las consecuencias que tendría haberse ido del trabajo. Al Señor Valle no le iba a importar por qué. En ese momento volvió a su cabeza el código adulterado y ya no pudo desterrarlo por el resto del día.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 3

El Club Satélite

Capitulo III – El Club Satélite

Gloria iba en silencio en el asiento trasero de una camioneta negra con cristales tintados. Un guardia manejaba. Otro iba sentado a su lado. Luego un viaje no muy largo ingresaron por un portón lateral al Club Satélite.

Durante la noche, la fachada del Club Satélite pasaba bastante poco desapercibida, era de noche, cuando largas filas de jóvenes se amontonaban contra la pared aguardando el privilegio de ser admitidos y la música sonaba a todo volumen sin la menor consideración por quienes vivían en un radio de por lo menos tres manzanas con la mayor de las impunidades.

Pero ahora era pleno día y Gloria se encontró entrando por primera vez a la pista de baile del Satélite, ahora completamente desierta. Inmediatamente después entró Yara y con confianza le dio un beso memorable. Gloria lo recibió, sin devolverlo.

–¿Qué está pasando? –preguntó fría, con un dejo de miedo.
–Me sentí mal por dejarte esta mañana y te extrañaba. Y quiero que por fin conozcas “mi guarida” –contestó Yara sonriente. Gloria sabía que esa no era la verdad.
Más temprano el mismo día Gloria estaba en el baño del departamento de Yara, desnuda y sola y masticando la decepción del desplante de Yara.

No era la primera vez que Yara huía “por trabajo” y Gloria temía estar perdiéndola. No entendía por qué la mujer que amaba no la dejaba entrar del todo en su vida.
Estaba dándole vueltas al asunto en su cabeza cuando dos hombres irrumpieron en el departamento y haciendo caso omiso de sus gritos de sorpresa y vergüenza le dijeron que se vista y que la iban a llevar con Yara.

* * *

En Valletech Humberto Valle III hablaba por teléfono. Hablaba por lo bajo y se lo habría oído nervioso si alguien pudiese oírlo. Sólo se limitaba a contestar las preguntas que se le hacían.

Sí, está desarrollando lo que se le pidió. No, nadie sospecha. Sí, es cuidadoso. Sí, tiene a la mejor persona trabajando en el tema. No, ni siquiera esa persona sabe lo que está haciendo.

Humberto Valle III cortó el teléfono e inhaló profundamente. Ya más calmo le gritó a Antonio que trabaje más rápido.

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Escucha el Capítulo 2

Tiempo Perdido

Capítulo II – Tiempo Perdido

Un ruido metálico se disparaba con cada paso de las pesadas botas con taco de Yara. Avanzaba con paso firme y sus pasos reverberaban varias veces antes de perderse. Después de bajar por una tercera y estrechísima escalera caracol llegó a su destino.
La recibió un joven de mirada esquiva con sangre en la cabeza.

–¿Qué pasó Daniel?

–Fue cuando los estaba yendo a buscar para llevarlos arriba para prepararlos. Me… uno me agarró desde atrás de la reja. Me pegó la cabeza contra los barrotes varias veces. Después no recuerdo nada más. Desperté sin llaves y se habían ido.
–¿Cuántos se fueron?

–No sé. Casi todos. Quedaron algunos.
–Daniel –dijo Yara calmándolo– esto pasa.
–Gracias.
–Pero no a mí.

Un segundo guardia trajo arrastrando a una jovencita amordazada. Sus ropas estaban hechas jirones. Gritaba y se retorcía, sin poder zafarse. Cuando el guardia la arrojó al piso, frente Daniel, este se abalanzó a abrazarla con lágrimas en los ojos. No hizo más que sacarle el trapo que le tapaba la boca cuando se oyó el estallido de un arma y la cara de Daniel se salpicó nuevamente de sangre, pero esta vez no la propia. Quedó mudo.

Yara estaba de pie sosteniendo una pistola nacarada. El cañón aún humeaba y el sonido del disparo resonó unos segundos antes de desaparecer. Sólo entonces Yara dijo:
–Un trato es un trato, Daniel –y dirigiéndose al guardia–. Llevatelo. Se nos acaba de liberar lugar. Después salí a buscar a los que perdimos ¡y que te sirva de lección!

* * *

Antonio se desplomó de bruces sobre el sillón apenas llegó a su casa. La tía Isidra lo reprendió por llegar tan tarde. Lo estaba esperando para que pedirle ayuda con varias cosas. Parecía estar convencida de que alguien alteraba sus electrodomésticos.

Sólo entonces Antonio sintió el olor a comida quemada. La tía Isidria solía cocinar muy bien, pero desde su diagnóstico siempre arruinaba la comida. Sin darle entidad a los delirios de su tía, Antonio contestó:
–Tuve que quedarme más. El señor Valle se enojó porque llegué sólo diez minutos antes y me obligó a recuperar. Y a último minuto me trajo un nuevo encargo. Un pedido para un tal Club Satélite.

Antonio quedó dormido ahí mismo. Esa noche durmió intranquilo.

Americano, la historia
Escucha el Capítulo 1

Las Interrupciones

Capítulo I – Las Interrupciones

Antonio subió al colectivo esa mañana después de ocho minutos sentado en la parada, su pierna izquierda vibrando velozmente. No supo contestar cuando lo tomó por sorpresa la misma pregunta de siempre:
–¿Hasta dónde vas?– le espetó el chofer.

Antonio tomó unas bocanadas de aire mientras intentaba poner sus pensamientos revolucionados en palabras. Antes de lograrlo, la pantalla ya le demandaba el valor máximo y Antonio automáticamente apoyó su tarjeta en el lector. Una avalancha de impacientes lo empujó hacia el fondo, llevándolo como una balsa a la deriva.

Entró a Valletech. Una secretaria le dedicó una sonrisa y un más que amable “hola, Antonio”, pero Antonio sólo apartó la mirada, respirando con dificultad. Humberto Valle III lo esperaba en su escritorio. Tenía su brazo izquierdo extendido hacia afuera, la mano en un puño con el dorso hacia adelante.

–TARDE, ANTONIO
–Pero faltan diez minutos
–DIJIMOS QUINCE ANTES

No pasó mucho antes de que su teléfono empezara a sonar.
–Antonio, ¡no sé cómo se prende la tele! – gimoteó la tía Isidra con desesperación al otro lado de la línea. Antonio le explicó con paciencia y colgó. Minutos más tarde volvió a sonar.

–Antonio, ¡no me acuerdo cómo se usa el teléfono!

* * *

Gloria sintió cosquillas cuando los dedos de Yara treparon por su hombro.

–¿Cómo dormiste, linda?
–No dormí–contestó Yara con una sonrisa. Luego comenzó a besarla.l

Las interrumpió la vibración de un teléfono. Yara lo miró y resopló.

–Tengo que volar, bebé. Es trabajo.

Gloria se levantó y fue al baño, decepcionada.
Yara releyó el mensaje “MOTÍN Y FUGA EN EL TERCER SÓTANO”. Negó con la cabeza, harta. Abrió el teléfono, sacó el chip, lo sostuvo entre los dientes y lo rompió por la mitad.

Chae Solé de Atlanta rompe con las trivialidades de la música, y en su lugar elige centrarse en lo que más importa – abogar por la expresión de la emoción en su forma más pura. Para Chae, la música representa una rendición que abarca todo, una promesa de honestidad.

Chae coquetea con diferentes estados de ánimo y niveles de energía, y es invariablemente dinámico en su estilo vocal. Temáticamente, el artista latino de R&B profundiza en temas de romance, confusión e ira, con cada gancho, rima y barra profundamente arraigados en transmitir los momentos más íntimos de la experiencia humana. Por encima de todo, es profundo, sensual – y sensacional. Cita influencias de Frank Sinatra, Michael Jackson, Maroon 5 y Timbaland por nombrar algunas, todas las cuales le han ayudado a convertirlo en el artista que es hoy.