“Dangerously infectious — Chae Solé’s sound is fluid and rich, and a truly innovative take on the Latin x R&B crossover genre.”

About Americano

The song Americano was written, produced, and performed by Chae Solé. From his continued inspiration, he produced a series of Spanish-narrated audio stories, creating an entire world around the track and the soon to be released music video.

The track itself was recorded and engineered entirely in Argentina’s very own Estudio Bulo. Having teamed up with Nacho de la Riega, Chae Solé was able to get the right studio musicians to bring his vision to life.

Now available on the following platforms:
(Also shareable on TikTok and Instagram)

Choose your experience...

If you’re looking for more experiences… Keep scrolling!

Click on the tiles to uncover more pieces from the ever-unraveling Americano puzzle…It will all come together in due time 😏

Americano Music Film

Americano, the story
Listen to Chapter 7

Abducted

Capítulo VII
Humberto Valle III no había dormido en toda la noche. Tenía la cara demacrada y cualquier ruido lo sobresaltaba esa mañana. Sabía que con Antonio habiendo notado anomalías en el software, muy probablemente iba a ser el mismo Sr. Valle el que pagara las consecuencias. Y simplemente estaba a la espera.
Era media mañana. El Sr. Valle estaba cabeceando sentado en su escritorio cuando lo despertó de repente el sonido del teléfono.
Lo atendió a toda velocidad y el color se desvaneció de su cara cuando resultó ser la voz que tanto temía.
–Necesito a alguien nuevo –dijo Yara fríamente.
El alma volvió al cuerpo del Sr. Valle. Extrañado por el hecho de que Yara no supiera o no le importara su error, decidió no encender ninguna alarma. Miró por la ventana de su oficina hacia el escritorio de Antonio. Estaba cubierto de flores que le habían regalado sus compañeros. Algo por una tía enferma. Valle inhaló profundo.
–Creo que tengo a la persona indicada.
* * *
La tía Isidra conversaba animada de cosas que nada tenían que ver con la realidad. Antonio decidió atribuírselo a los analgésicos y no a su condición mientras terminaba de preparar la cena para ambos. Tan sólo hace una hora habían vuelto del hospital. La tía Isidra tenía las muñecas vendadas y estaba fuertemente drogada, pero por lo demás estaba bien.
Y entonces todo se puso borroso para Antonio. Levantó débilmente la mano hacia su cuello, donde sintió un pinchazo y ardor.
Yara esperó hasta que el cuerpo de Antonio se derrumbara en el suelo, desmayado por la droga que acabababa de inyectarle.
La tía Isidra no dejaba de parlotear contenta.
Yara tomó el teléfono de Antonio y rompió el chip. Dejó una foto de Gloria en la tostadora y arrastró a la tía Isidra hacia el interior de su camioneta.
En menos de un minuto todo hubo terminado y Yara hubo desaparecido.

Chapter VII
Humberto Valle III hadn’t slept all night. His face looked weary and he jumped at any noise that morning. He know that the fact that Antonio had noticed anomalies in the software would probably make the very Mr. Valle face the consequences.
It was mid morning. Mr. Valle was drowsing at his desk when he the pone ringing brought him back.
He picked it up as fast as he could and color faded from his face when it turned out to be the voice he was dreading.
–I needed someone new –said Yara coldly.
El alma volvió al cuerpo del Sr. Valle. Extrañado por el hecho de que Yara no supiera o no le importara su error, decidió no encender ninguna alarma. Miró por la ventana de su oficina hacia el escritorio de Antonio. Estaba cubierto de flores que le habían regalado sus compañeros. Algo por una tía enferma. Valle inhaló profundo.
Mr. Valle felt suddenly very relieved. He was surprised by the fact that Yara didn’t know or didn’t care about his mistake, but he decided not to set off any alarm. He looked out the window in his office towards Antonio’s desk. It was covered with flowers that his coworkers had given him. Something about a sick aunt. Valle took a deep breath.
–I’ve got the right person.
* * *
Aunt Isidra was chatting lively about things that had nothing to do with reality. Antonio decided to think it was because of the painkillers and not because of her condition as he cooked dinner for the both of them.
They had come home from the hospital only an hour earlier. Aunt Isidra had bandages around her wrists and she was heavily drugged, but otherwise she was fine.
Then everything got blurry for Antonio. He weakly took his hand up to his neck, where he felt a sting and a burning sensation.
Yara waited till Antonio’s body crumbled to the floor, passed out by the drug she had just injected in him.
Aunt Isidra kept yapping happily.
Yara took Antonio’s phone and snapped the chip. She left a picture of Gloria in his toaster and dragged aunt Isidra into her van.
In less than a minute it was all over and Yara disappeared.

Americano, the story
Listen to Chapter 6

The Fight

Capítulo VI
Gloria gritó mientras la bajaban por una angosta escalera metálica con una capucha puesta.
– ¡Esto es un error! ¡Tengo que hablar con Yara! No sabes quién soy yo.
Lo último que deseaba era hablar con Yara, pero fue todo lo que pudo pensar para que su captor la liberara.
Él no le contestó y unos minutos después la tiró al piso y le ató las manos atrás de la espalda. Escuchó una puerta cerrarse y pasos alejarse y se supo sola y prisionera.
Cuando el silencio se hizo absoluto, escuchó un chistido en la oscuridad. Gloria se sentó en el piso y giró la cabeza hacia el origen del sonido.
– Tenemos que escapar de acá –le susurró una voz de hombre.
– ¿Qué es este lugar?
– Somos prisioneros acá. Las mujeres son vendidas como esclavas sexuales. Los hombres para círculos de pelea donde los obligan a pelear a muerte. Y después están los otros…
– ¿Qué? ¿Qué pasa con los otros?
– Hay prisioneros que no están a la venta. Son rehenes. Familia, amigos de los guardias de Yara. Ella los rapta para obligarnos a trabajar para ella.
A Gloria le corrió un horrible escalofrío por la espalda.
– Obligar… ¿nos?
– Mi hija. Yara la mató. Dejé escapar a varios prisioneros. Pensé que si lo hacía parecer como una emboscada, la perdonaría. En cierto modo yo la maté –el hombre misterioso se puso a llorar.
– ¿Cómo te llamas?
– Daniel
– Vamos a salir de acá, Daniel. Lo prometo.
Se arrastró hacia el hombre y comprobó con el tacto que él estaba maniatado igual que ella. Se sentó espalda con espalda y entre los dos pudieron aflojar sus ataduras.
No pasó mucho tiempo hasta que escucharon nuevamente la puerta.
Le arrancaron la capucha y estuvo cara a cara con Yara. Un guardia estaba tras ella.
–Así que era cierto, bebé. ¿Quisiste jugar a la exploradora?
–¡Te odio! –le escupió Gloria.
Yara le acarició la mejilla con el cañón de su pistola nacarada. Una lágrima corrió por su mejilla, pero aunque le doliera, Gloria no le dejó otra opción.
De pronto, Daniel se lanzó contra Yara con todas sus fuerzas. Ella dejó caer su pistola al golpear su cabeza contra una viga de acero.
Antes de que el guardia pudiera desenfundar su arma, Daniel lo tiró al piso. Comenzaron a forcejar y Daniel incrustó su rodilla en la muñeca del guardia, cortando la circulación de sangre de la mano en la que tenía la pistola. Ésta cayó. Daniel la pateó rápidamente en dirección a Gloria y gritó:
– ¡Agárrala y corre!
Gloria dudó, pero al ver a Yara recuperarse gradualmente, la tomó lo más aprisa posible y corrió hacia la puerta abierta.
Daniel continuó su forcejeo y comenzó a estrangular al otro guardia.
– Daniel, vas… a… hacer… que mate… a mi… esposa… bastardo –pudo articular el guardia, luchando por respirar.
En tanto, Yara logró incorporarse, dolorida como estaba, tomó el arma del suelo y disparó contra Daniel, matando a los dos hombres al mismo tiempo.
– ¡DÓNDE ESTÁS, GLORIA! –rugió Yara, jadeando.
Gloria corrió por los pasillos del sótano y emergió en la pista de baile, donde nadie se había enterado de nada. Se dio cuenta de que no podía simplemente huir, dejando a todos los prisioneros atrás. Volvió a los pasillos, sin estar segura de qué estaba buscando, pero esta vez ningún guardia siquiera miró en su dirección.
Vio una gran puerta negra, diferente a las otras. Decidió escabullirse.
Se encontró en una lujosa oficina con las paredes cubiertas de pantallas y decorada con armas de distintas partes del mundo.
Por la cámara de seguridad, vio a Yara subir las escaleras metálicas del sótano a toda velocidad.
Se resignó a que no había nada que pudiera hacer ahora, pero se juró que destruiría a Yara. Tomó todos los papeles del escritorio, esperando que le sirvieran de algo, y finalmente se escapó del Club Satélite y desapareció en la noche.
Un minuto después, Yara irrumpió en la oficina y notó en seguida que le habían robado. Con una tremenda rabia supo lo que tenía que hacer.

Americano, the story
Listen to Chapter 5

Taking Risks

Capitulo V – Tomando los Riesgos

Gloria respiró profundo antes de entrar al Club Satélite e intentó parecer calma y confiada al pasar junto al guardia, al que dedicó una sonrisa y una mirada sugerente detrás de sus lentes oscuros.

Había pasado una semana desde el día que conociera el club llevada por hombres de Yara. No había vuelto a verla, ya que ella decía que el trabajo la tenía loca y le prometía recompensarla cuando pudiera. Su instinto le decía que el Club Satélite no era lo que aparentaba y había perdido toda la confianza en su novia, pero estaba dispuesta a llegar al fondo del asunto.

Para eso decidió ir al Satélite como cualquier joven que busca divertirse en la noche. Sabía que Yara estaba allí y que jamás le creería que su visita era para darle una sorpresa.

Bailó con desconocidos y fingió divertirse. Mientras tanto buscaba la forma de acceder a las partes vedadas dentro del club.
De pronto sintió una mano estrujarle una nalga y se dio cuenta de que esa era su oportunidad. Comenzó a gritarle

al pervertido, atrayendo la atención. Era un hombre corpulento y lejos de avergonzarse devolvió cada insulto, para satisfacción de Gloria. Cuando la multitud se empezó a congregar a su alrededor ella descargó una cachetada en la cara del hombre. Él no tardó ni un segundo en reaccionar y devolvió un puñetazo, pero Gloria lo esperaba y supo esquivarlo. La mano fue a parar en otro hombre y en un minuto la violencia se había generalizado y Gloria había desaparecido.

Se dirigió hacia los pasillos que llevaban hacia las oficinas. No habían guardias, ya que todos habían corrido para detener la pelea. Gloria respiraba agitada y creyó que podría lograr ver qué había más allá en el Club Satélite. Abrió una puerta y vio una escalera metálica que llevaba hacia un sótano.

De pronto la oscuridad se hizo absoluta y al tiempo que una bolsa cubría su cabeza, unas manos se apresuraron a aferrarla firmemente para que no huyera. Con muy poco esfuerzo la levantaron y sintió cómo comenzaba el descenso. Parecía ser que sí conocería qué había más allá en el Club Satélite después de todo.

***

Antonio volvió al trabajo al día siguiente del intento de suicidio de su tía. En Valletech no había tiempo para que un empleado desperdiciara cuidando a un familiar grave. La Tía Isidra estaba bien, pero permanecería internada hasta que el equipo de salud mental determinara que no representaba un riesgo para otros ni para ella misma.

Pero el tema del código encriptado no dejaba de resonar en la cabeza de Antonio. Aunque quisiera ignorarlo, no podía seguir trabajando sin saber qué se hallaba oculto en el software que estaba desarrollando para el Club Satélite. Muerto de miedo y de la forma más inocente que pudo se lo hizo saber al Sr. Valle, quien reaccionó según lo esperado:

Antonio huyó con la cola entre las patas, aunque sus dudas no se habían aclarado ni remotamente.

Mientras tanto, el Señor Valle quedó solo en su oficina, poseído por en parte por la ira, pero fundamentalmente por el pánico. Pensaba en lo que le podría llegar a ocurrir si Antonio hablara de lo que vio. Las manos del Señor Valle temblaban cuando agarró la lámpara de su escritorio y, arrancando el cable de electricidad, la arrojó contra la pared, donde reventó en mil pedazos.

Americano, the story
Listen to Chapter 4

The Incident

Chapter IV – El Incidente

La tía Isidria estaba en la cocina, lavando los platos. Se sentía exhausta después de toda una mañana intentando cocinar su almuerzo, en la que se había topado con varias dificultades.

De pronto sintió cómo golpeaban la puerta de calle, como tratando de derrumbarla. Dejó escapar un grito. A aquel ruido se sumaron golpes en la ventana de la cocina y la tía Isidra vio una silueta pegada al vidrio. Comenzó a chillar “¿quiénes son? ¿qué quieren?”. Sentía que le faltaba el aire. De pronto las paredes comenzaron a derrumbarse, seguidas del piso bajo ella. La tía Isidra se aferró a la mesa y al derrumbarse, arrastró el mantel y todo lo que había sobre él, destrozando platos y vasos sobre el piso.

* * *

Antonio estaba en Valletech trabajando tan rápido como podía en el proyecto del Club Satélite, para el que debía desarrollar un software de gestión. El Señor Valle había sido más que claro sobre la importancia de este cliente y la urgencia del trabajo.
Sonó el teléfono. Era la tía Isidra y con gran culpa decidió no atender la llamada. Temía más lo que le pudiera pasar si se retrasaba.

Siguió programando hasta que se topó con una sorpresa. Había una porción del código que no reconocía con una encriptación que tornaba imposible que pudiese ver qué decía. Estaba seguro de que él jamás había escrito eso y, a su vez, sabía que sólo él estaba asignado al proyecto.

Sabía que consultar a su jefe al respecto probablemente le costaría caro, pero sintió que no había más alternativa. Juntó coraje y se dirigió hacia la oficina de Humberto Valle III, cuando lo interceptaron dos policías.

La tía Isidra estaba en el hospital. Unos vecinos escucharon gritos y llamaron a la policía. Derribaron las puertas, cerradas del lado de adentro, y la encontraron sangrando en la cocina. La casa estaba en orden, excepto por la vajilla rota en el piso, con la que se había cortado las venas de los brazos.

* * *

En el hospital Antonio habló con los médicos. Les contó que no era la primera vez que su tía tenía alucinaciones que terminaban en ataques de pánico, pero jamás había sido algo que le durase más que un par de minutos y casi siempre podía tranquilizarse sola, con ayuda de Antonio y su medicación.
Pasó a la habitación donde su tía estaba estable, pero conectada a mil máquinas
y en
un coma inducido.

Se sentó a su lado y comenzó a llorar.
A pesar de la gravedad de la situación, no pudo evitar pensar en las consecuencias que tendría haberse ido del trabajo. Al Señor Valle no le iba a importar por qué. En ese momento volvió a su cabeza el código adulterado y ya no pudo desterrarlo por el resto del día.

Americano, the story
Listen to Chapter 3

The Satelite Club

Capitulo III – El Club Satélite

Gloria iba en silencio en el asiento trasero de una camioneta negra con cristales tintados. Un guardia manejaba. Otro iba sentado a su lado. Luego un viaje no muy largo ingresaron por un portón lateral al Club Satélite.

Durante la noche, la fachada del Club Satélite pasaba bastante poco desapercibida, era de noche, cuando largas filas de jóvenes se amontonaban contra la pared aguardando el privilegio de ser admitidos y la música sonaba a todo volumen sin la menor consideración por quienes vivían en un radio de por lo menos tres manzanas con la mayor de las impunidades.

Pero ahora era pleno día y Gloria se encontró entrando por primera vez a la pista de baile del Satélite, ahora completamente desierta. Inmediatamente después entró Yara y con confianza le dio un beso memorable. Gloria lo recibió, sin devolverlo.

–¿Qué está pasando? –preguntó fría, con un dejo de miedo.
–Me sentí mal por dejarte esta mañana y te extrañaba. Y quiero que por fin conozcas “mi guarida” –contestó Yara sonriente. Gloria sabía que esa no era la verdad.
Más temprano el mismo día Gloria estaba en el baño del departamento de Yara, desnuda y sola y masticando la decepción del desplante de Yara.

No era la primera vez que Yara huía “por trabajo” y Gloria temía estar perdiéndola. No entendía por qué la mujer que amaba no la dejaba entrar del todo en su vida.
Estaba dándole vueltas al asunto en su cabeza cuando dos hombres irrumpieron en el departamento y haciendo caso omiso de sus gritos de sorpresa y vergüenza le dijeron que se vista y que la iban a llevar con Yara.

* * *

En Valletech Humberto Valle III hablaba por teléfono. Hablaba por lo bajo y se lo habría oído nervioso si alguien pudiese oírlo. Sólo se limitaba a contestar las preguntas que se le hacían.

Sí, está desarrollando lo que se le pidió. No, nadie sospecha. Sí, es cuidadoso. Sí, tiene a la mejor persona trabajando en el tema. No, ni siquiera esa persona sabe lo que está haciendo.

Humberto Valle III cortó el teléfono e inhaló profundamente. Ya más calmo le gritó a Antonio que trabaje más rápido.

Americano, the story
Listen to Chapter 2

Lost Time

Capitulo 2 – Tiempo Perdido

Un ruido metálico se disparaba con cada paso de las pesadas botas con taco de Yara. Avanzaba con paso firme y sus pasos reverberaban varias veces antes de perderse. Después de bajar por una tercera y estrechísima escalera caracol llegó a su destino.
La recibió un joven de mirada esquiva con sangre en la cabeza.

–¿Qué pasó Daniel?

–Fue cuando los estaba yendo a buscar para llevarlos arriba para prepararlos. Me… uno me agarró desde atrás de la reja. Me pegó la cabeza contra los barrotes varias veces. Después no recuerdo nada más. Desperté sin llaves y se habían ido.
–¿Cuántos se fueron?

–No sé. Casi todos. Quedaron algunos.
–Daniel –dijo Yara calmándolo– esto pasa.
–Gracias.
–Pero no a mí.

Un segundo guardia trajo arrastrando a una jovencita amordazada. Sus ropas estaban hechas jirones. Gritaba y se retorcía, sin poder zafarse. Cuando el guardia la arrojó al piso, frente Daniel, este se abalanzó a abrazarla con lágrimas en los ojos. No hizo más que sacarle el trapo que le tapaba la boca cuando se oyó el estallido de un arma y la cara de Daniel se salpicó nuevamente de sangre, pero esta vez no la propia. Quedó mudo.

Yara estaba de pie sosteniendo una pistola nacarada. El cañón aún humeaba y el sonido del disparo resonó unos segundos antes de desaparecer. Sólo entonces Yara dijo:
–Un trato es un trato, Daniel –y dirigiéndose al guardia–. Llevatelo. Se nos acaba de liberar lugar. Después salí a buscar a los que perdimos ¡y que te sirva de lección!

* * *

Antonio se desplomó de bruces sobre el sillón apenas llegó a su casa. La tía Isidra lo reprendió por llegar tan tarde. Lo estaba esperando para que pedirle ayuda con varias cosas. Parecía estar convencida de que alguien alteraba sus electrodomésticos.

Sólo entonces Antonio sintió el olor a comida quemada. La tía Isidria solía cocinar muy bien, pero desde su diagnóstico siempre arruinaba la comida. Sin darle entidad a los delirios de su tía, Antonio contestó:
–Tuve que quedarme más. El señor Valle se enojó porque llegué sólo diez minutos antes y me obligó a recuperar. Y a último minuto me trajo un nuevo encargo. Un pedido para un tal Club Satélite.

Antonio quedó dormido ahí mismo. Esa noche durmió intranquilo.

Americano, the story
Listen to Chapter 1

Interruptions

Chapter 1 – Los Interrupciones

Antonio subió al colectivo esa mañana después de ocho minutos sentado en la parada, su pierna izquierda vibrando velozmente. No supo contestar cuando lo tomó por sorpresa la misma pregunta de siempre:
–¿Hasta dónde vas?– le espetó el chofer.

Antonio tomó unas bocanadas de aire mientras intentaba poner sus pensamientos revolucionados en palabras. Antes de lograrlo, la pantalla ya le demandaba el valor máximo y Antonio automáticamente apoyó su tarjeta en el lector. Una avalancha de impacientes lo empujó hacia el fondo, llevándolo como una balsa a la deriva.

Entró a Valletech. Una secretaria le dedicó una sonrisa y un más que amable “hola, Antonio”, pero Antonio sólo apartó la mirada, respirando con dificultad. Humberto Valle III lo esperaba en su escritorio. Tenía su brazo izquierdo extendido hacia afuera, la mano en un puño con el dorso hacia adelante.

–TARDE, ANTONIO
–Pero faltan diez minutos
–DIJIMOS QUINCE ANTES

No pasó mucho antes de que su teléfono empezara a sonar.
–Antonio, ¡no sé cómo se prende la tele! – gimoteó la tía Isidra con desesperación al otro lado de la línea. Antonio le explicó con paciencia y colgó. Minutos más tarde volvió a sonar.

–Antonio, ¡no me acuerdo cómo se usa el teléfono!

* * *

Gloria sintió cosquillas cuando los dedos de Yara treparon por su hombro.

–¿Cómo dormiste, linda?
–No dormí–contestó Yara con una sonrisa. Luego comenzó a besarla.l

Las interrumpió la vibración de un teléfono. Yara lo miró y resopló.

–Tengo que volar, bebé. Es trabajo.

Gloria se levantó y fue al baño, decepcionada.
Yara releyó el mensaje “MOTÍN Y FUGA EN EL TERCER SÓTANO”. Negó con la cabeza, harta. Abrió el teléfono, sacó el chip, lo sostuvo entre los dientes y lo rompió por la mitad.

Atlanta’s Chae Solé breaks away from the trivialities of music, and instead chooses to focus on what matters most — advocating for the expression of emotion in its purest form. For Chae, music represents an all-encompassing surrender, a pledge to self-honesty.

Chae flirts with different moods and energy levels, and is invariably dynamic in his vocal style. Thematically, the Latin R&B artist delves deep into themes of romance, confusion, and anger, with each hook, rhyme and bar deeply rooted in conveying the most intimate moments of the human experience. Above all, it’s deep, it’s sensual — and it grooves. He cites influences from Frank Sinatra, Michael Jackson, Maroon 5, and Timbaland to name a few, all of which have helped shape him into the artist he is today.